Simplemente, agradecido…

A todos aquellos que llamaron, escribieron y estuvieron junto a mí en estos momentos de dolor. A las y los que me acompañan en este duro trance de vivir sin esa flor que me iluminaba, a los que no les importó la distancia para estar cerca mío y a quienes se olvidaron de este humilde jubilado que, apenas, puede cargar con esta mochila.

No es fácil seguir. Lo intento. Es una búsqueda permanente para seguir en carrera. Perder un ser querido y tan apegado es algo que no tiene dimensión.

Ahora es cuestión de buscar la salida a este callejón de la vida. Pasé por muchas. Pero nunca fue tan fuerte como la que me sucedió.

Parece que fuera ayer, como cuando le saqué la foto ese 1º de febrero, cuando reía a gusto y placer. Flotan los recuerdos y se desacomoda el alma. Llorar de alegría cuando me recibí en el profesorado. Pero ya descansa en paz.

Es hora del camino propio, de vivir sin ataduras, de correr aventuras vaya a saber adonde y dejar atrás todo, sin olvidarme de nada.

Y en eso estoy. Buscando, leyendo, escribiendo y gozando de esta cuarentena en medio del infernal frío porteño. Ordenando y guardando cosas. También desechando aquello que no sirve.

Dicen que renovarse es vivir. Y ya lo creo. Voy por el camino correcto. Eso es importante en estos tiempos, donde todo es efímero y banal.

Estuvieron los que debían estar y mi agradecimiento es infinito. Ahora llegó el momento de escribir y soñar. No es poca cosa…

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